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elaladelangel

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“Porque entonces caminaba solo bajo las silenciosas estrellas y en ese tiempo percibí lo que el sonido tiene de poder… Y permanecía en la noche ennegrecida por la tormenta inminente bajo una roca, escuchando notas que son el fantasmal lenguaje de la antigua tierra o tienen su difusa morada en los vientos distantes. Y allí bebí el poder de la visión.” Preludio - William Wordsworth

El ángel estiró su ala hacia ese sol rosado y la rodeó con los brazos. Sahira dijo en voz alta y fuerte:
_”Estas aquí… viniste… te esperé mucho tiempo. Gracias por venir. Gracias por estar siempre. Devuélveme la fuerza para continuar o muéstrame el camino que debo seguir.”

Sahira hablaba todo el tiempo con su ángel, a quién sólo ella veía. El ángel estiraba su ala para enlazarla con la de esa mujer de ojos color miel y perfume de rosas. Era inevitable, el ángel se había enamorado de Sahira.

El miedo no nos deja pensar, no nos permite avanzar, nos anula. Impide que nuestras intenciones lleguen a destino, impide que la luz divina actúe sobre nosotros. No nos deja encontrar el camino y pedir ayuda a nuestros ángeles, quienes siempre están dispuestos a darnos una mano, ayudarnos es su razón de ser y su gran felicidad. Veamos juntos las señales, aprendamos a escucharlos con todos nuestros sentidos.

Entonces él la beso como si el fuera su dueño, como si tuviera la certeza que nunca mas la dejaría sola. Eran una sola persona. Sentían que no había nadie a su alrededor, el mundo era de ellos y para ellos.

“Solo la arena y el mar escucharán mi grito,
Aquel en el que te llamo,
Aquel en el que te digo que te necesito,
Aquel en el que notarás mi miedo a perderte.
Desde la cima del mas alto médano,
Observaré como el mar tapa tu nombre
Escrito con lagrimas que no solo yo derrame‚
Sino también el cielo al verme.
Subiré‚ al muelle, y al llegar al fondo,
Veré en las luces de la ciudad el brillo de tus ojos,
Olvidando que bajo mis pies el mar embravecido
Reprocha que te extrañe.
El viento preguntara una y mil veces
La razón de mi decisión y tratara de detenerme.
En algún momento el mar se calmara,
Dejándome escuchar el grito de bienvenida de las toninas...
Solo el mar escuchara mi grito
Y al amanecer encontraran mi cuerpo húmedo,
Sobre la arena y junto a tu nombre,
Que el mar no se atrevió a borrar.”

Sentía un fuerte calor en sus manos, sentía la energía de Dios correr por sus venas e impulsarla al lugar donde estaba la enfermedad. Cuando no lo realizaba a distancia porque la persona estaba presente, colocaba sus manos cerca pero sin tocar. Se acompañaba siempre con oración.

“Mírame, ¡oh mi amado y buen Jesús!, postrado en tu presencia: te ruego, con el mayor fervor, imprimas en mi corazón vivos sentimientos de fe, esperanza, caridad, verdadero dolor de mis pecados y firmísimo propósito de jamás ofenderte; mientras que yo, con el mayor afecto y compasión de que soy capaz, voy considerando y contemplando tus cinco llagas, teniendo presente lo que de Ti, oh buen Jesús, dijo el profeta David: "Han taladrado mis manos y mis pies y se pueden contar todos mis huesos."” (Salmo 21, 17-18)

A veces usaba un péndulo, cuando necesitaba que los ángeles le dieran una respuesta a través de él. Su péndulo era de cristal de roca con una amatista engarzada.

Oracion a Santa Maria de los Angeles
“¡Oh, Augusta Reina de los Cielos y Señora de los Ángeles! Pues habéis recibido de Dios el poder y la misión de aplastar la cabeza de Satanás, os lo suplicamos humildemente, enviadnos las legiones angélicas, para que bajo vuestro mando, persigan a los demonios, combatan contra ellos en todas partes, repriman su audacia y los sepulten en el infierno.”

¿Qué debemos hacer al saber que poseemos algo que puede hacer feliz a otro ser? ¿Lo ocultamos, nos ocultamos? ¿Hacemos de cuenta que no existe?

“A veces, en el peor momento, una ola de luz inunda la oscuridad como si fuera una voz que nos dijera: “Has sido aceptado”. Has sido aceptado, admitido por lo que es mayor que tú y por el nombre de lo que desconoces.” Paul Tillich