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104.- Un guerrero de la luz comparte con los otros lo que sabe del camino.
Quien ayuda, siempre es ayudado, y tiene que enseñar lo que aprendió. Por eso, él se sienta alrededor de la hoguera y cuenta cómo fue su día de lucha.
Un amigo le susurra: “¿Por qué revelas tan abiertamente tu estrategia? ¿No ves que actuando así corres el riesgo de tener que compartir tus conquistas con otros?”
El guerrero se limita a sonreír, sin responder. Sabe que si llegara al final de la jornada a un paraíso vacío, su lucha no habría valido la pena.

52.- Para el guerrero, no existe amor imposible.
Él no se deja intimidar por el silencio, por la indiferencia o por el rechazo.
Sabe que, tras la máscara de hielo que usan las personas, existe un corazón de fuego.
Por eso el guerrero arriesga más que los otros. Busca incesantemente el amor de alguien, aun cuando esto signifique escuchar muchas veces la palabra "no", regresar a casa derrotado, sentirse rechazado en cuerpo y alma.
Un guerrero no se deja asustar cuando busca lo que necesita. Sin amor, él no es nada.

76.- Un guerrero de la luz no se queda siempre repitiendo la misma lucha, principalmente cuando no hay avances ni retrocesos.
Si el combate no progresa, él entiende que es preciso sentarse con el enemigo y discutir una tregua; ambos ya practicaron el arte de la espada, y ahora necesitan entenderse.
Es un gesto de dignidad, y no de cobardía. Es un equilibrio de fuerzas y un cambio de estrategia.
Trazados los planes de paz, los guerreros vuelven a sus casas. No necesitan probar nada a nadie; lucharon en el Buen Combate y mantuvieron la fe. Cada uno cedió un poco, aprendiendo con esto el arte de la negociación.

08.- Un guerrero de la luz, antes de entrar en un combate importante, se pregunta a sí mismo: "¿Hasta qué punto desarrollé mi habilidad?"
Él sabe que las batallas que trabó en el pasado siempre terminan por enseñar algo. No obstante, muchas de estas enseñanzas le hicieron sufrir más de lo necesario. Más de una vez perdió su tiempo luchando por causa de una mentira. Y sufrió por personas que no estaban a la altura de su amor.
Los victoriosos no repiten el mismo error. Por eso el guerrero sólo arriesga su corazón por algo que vale la pena.

92.- “Vivo creyendo en todo lo que los demás me dicen y siempre me decepciono”, acostumbran a decir los compañeros.
Es importante confiar en las personas, un guerrero de la luz no teme a las decepciones porque conoce el poder de su espada y la fuerza de su amor.
No obstante, él consigue imponer sus límites: una cosa es aceptar las señales de Dios, y entender que los ángeles usan la boca de nuestro prójimo para aconsejarnos. Otra cosa es ser incapaz de tomar decisiones y estar siempre buscando la manera de dejar que los otros nos digan lo que debemos hacer.
Un guerrero confía en los otros porque, en primer lugar, confía en sí mismo.

32.- Para el guerrero de la luz, no existe nada abstracto.
Todo es concreto, y todo le concierne. Él no está sentado en el confort de su tienda, observando lo que sucede en el mundo; acepta cada desafío como una oportunidad que se le presenta para transformarse a sí mismo.
Algunos de sus compañeros pasan la vida criticando la falta de elección, o comentando las decisiones ajenas. El guerrero, sin embargo, transforma su pensamiento en acción.
Algunas veces yerra el objetivo, y paga, sin protestar, el precio de su error. Otras veces se desvía del camino, y pierde mucho tiempo regresando al destino original.
Pero un guerrero no se distrae.

110.- Un guerrero de la luz no tiene “certezas” sino un camino a seguir, al cual procura adaptarse de acuerdo con el tiempo.
Lucha en el verano con equipamientos y técnicas diferentes a los de la lucha en invierno. Siendo flexible, ya no juzga al mundo desde el punto de vista de “acertado” o “equivocado”, sino sobre la base de la actitud más apropiada para aquel momento.
Sabe que sus compañeros también tienen que adaptarse, y no se sorprende cuando cambian de actitud. Da a cada uno el tiempo necesario para justificar sus acciones.
Pero es implacable con la traición.

26.- —Cuando tengo mi arco tenso —dice Herrigel a su maestro zen—, llega un momento en el que, si no disparo inmediatamente, siento que voy a perder el aliento.
—Mientras intentes provocar el momento de disparar la flecha no aprenderás el arte de los arqueros —contesta el maestro—. Lo que a veces altera la precisión del tiro es la voluntad demasiado activa del arquero.
Un guerrero de la luz a veces piensa: "Todo lo que yo no haga, no será hecho".
Pero no es exactamente así: él debe actuar, pero debe dejar también que el Universo actúe en su debido momento.

80.- Entonces lo repito:
Los guerreros de la luz se reconocen por la mirada. Están en el mundo, forman parte del mundo, y al mundo fueron enviados sin alforja ni sandalias.
Muchas veces son cobardes. No siempre actúan acertadamente.
Los guerreros de la luz sufren por tonterías, se preocupan por cosas mezquinas, se juzgan incapaces de crecer. Los guerreros de la luz de vez en cuando se consideran indignos de cualquier bendición o milagro.
Los guerreros de la luz con frecuencia se preguntan qué están haciendo aquí. Muchas veces piensan que su vida no tiene sentido.
Por eso son guerreros de la luz. Porque se equivocan. Porque preguntan.
Porque continúan buscando un sentido. Y terminan encontrándolo.

100.- Cuando se quiere algo, el Universo entero conspira en su favor. El guerrero de la luz lo sabe.
Por esta razón cuida mucho sus pensamientos. Escondidos bajo una serie de buenas intenciones existen sentimientos que nadie osa confesarse a sí mismo: venganza, autodestrucción, culpa o miedo de la victoria, la alegría macabra ante la tragedia de otros.
El Universo no juzga: conspira a favor de lo que deseamos. Por eso, el guerrero tiene el valor de mirar hasta las sombras de su alma y ver si no está pidiendo nada nocivo para sí mismo.
Y tiene siempre mucho cuidado de lo que piensa.

38.- Un guerrero de la luz nunca tiene prisa.
El tiempo trabaja en su favor; él aprende a dominar la impaciencia y evita gestos impensados.
Caminando despacio, nota la firmeza de sus pasos. Sabe que participa de un momento decisivo en la historia de la humanidad, y necesita cambiarse a sí mismo antes de transformar al mundo. Por eso recuerda las palabras de Lanza del Vasto: "Una revolución necesita tiempo para instalarse".
Un guerrero nunca coge el fruto cuando aún está verde.

53.- El guerrero de la luz conoce el silencio que anticipa el combate importante.
Y ese silencio parece decir: "Todo se ha detenido. Es mejor olvidarse de la lucha y divertirse un poco". Los combatientes sin experiencia dejan sus armas en ese momento, y se quejan del tedio.
El guerrero está atento al silencio; en algún lugar, algo está sucediendo.
Él sabe que los terremotos destructores llegan sin previo aviso. Ya caminó por selvas durante la noche; cuando los animales no hacen ningún ruido, es que el peligro está próximo.
Mientras los otros conversan, el guerrero se adiestra en el manejo de la espada, y vigila el horizonte.