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memincito1

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Me asomé al libro y caí en un sueño del que no puedo despertar. Pero sí puedo escribir sobre él. Y todo sobre mi sueño está en el libro al que me asomé.

Estoy muerto de amor por esa mujer y no puedo controlar mi pasión. Pienso en ella continuamente, deliro por volver a verla. Pero ella, ah... pareciera que sólo vive para demostrarme indiferencia. Una indiferencia que me mata con redundancia.

Aunque viniera sin flores, yo estaría contento. Sólo con percibir que está ahí, del otro lado del mármol, me haría feliz.

Jugaban a las cartas con frenesí a la luz de una simple bombilla. Cada noche, toda la noche, y de día solamente dormían. Despechado por esa rutina, el día llenó de luces la noche para ahuyentarla buscando recuperar la atención de aquellos indiferentes.

Los hombres, ahora, juegan con gafas oscuras.

No se enamoró de ella, sino de su sombra. La iba a visitar al alba, cuando su amada era más larga

El criado llega aterrorizado a casa de su amo.

-Señor -dice- he visto a la Muerte en el mercado y me ha hecho una señal de amenaza.

El amo le da un caballo y dinero, y le dice:

-Huye a Samarra.

El criado huye. Esa tarde, temprano, el señor se encuentra la Muerte en el mercado.

-Esta mañana le hiciste a mi criado una señal de amenaza -dice.

-No era de amenaza -responde la Muerte- sino de sorpresa. Porque lo veía ahí, tan lejos de Samarra, y esta misma tarde tengo que recogerlo allá.

Hay novelas que aun sin ser largas no logran comenzar de verdad hasta la página 50 o la 60. A algunas vidas les sucede lo mismo. Por eso no me he matado antes, señor juez.

el me despierta en la mañana, él me ama, se preocupa de mi, me cuida, me
alimenta, me mima. si él no estuviera qué sería de mí? mi vida no tendría
sentido, pasaría eternamente arrullada por él. cuando me acaricia se eriza
mi piel, todos mis sentidos se abren y yo me dejo llevar por su amor, me besa,
me acaricia, me cuida, me controla, entonces yo lo amo locamente. pero él
es humano y yo sólo soy una gata.

mireya torres

Al caer la tarde, dos desconocidos se encuentran en los oscuros corredores de una galería de cuadros. Con un ligero escalofríos, uno de ellos dijo:
-este lugar es siniestro: ¿usted cree en fantasmas?
- yo no respondió el otro ¿y usted?
- yo sí, – dijo el primero y desapareció.

(George Loring Frost)

Una mujer estaba sentada sola en su casa. Sabe que no hay nadie más en el mundo: todos los otros seres han muerto. Golpean a la puerta. (Thomas Bailey Aldrich)

Sentí una molestia muscular, era la quinta vez que yo nacía.

Enrique Vila-Matas

LA ÚLTIMA CENA

El conde me ha invitado a su castillo. Naturalmente yo llevaré la bebida

Ángel García Galiano

¡Ay! -dijo el ratón-. El mundo se hace cada día más pequeño. Al principio era tan grande que le tenía miedo. Corría y corría y por cierto que me alegraba ver esos muros, a diestra y siniestra, en la distancia. Pero esas paredes se estrechan tan rápido que me encuentro en el último cuarto y ahí en el rincón está la trampa sobre la cual debo pasar.

-Todo lo que debes hacer es cambiar de rumbo -dijo el gato... y se lo comió.

© Franz kafka