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Aplicación con algunas frases célebres del Chamán Yaqui Don Juan Matus, maestro del escritor y antropólogo Carlos Castaneda.

Las Enseñanzas de Don Juan

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Aplicación con algunas frases célebres del Chamán Yaqui Don Juan Matus, maestro del escritor y antropólogo Carlos Castaneda.

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Las Enseñanzas de Don Juan

gcanedo

Publicado hace 1753 días - 1 estrella

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Los huecos de mi razón son tan enormes que de no repararlos, debería de prescindir de ella por completo.

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gcanedo

Publicado hace 1754 días - 0 estrellas

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Solo los peces muertos siguen la corriente

Ewelains

Ewelains

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gcanedo

Publicado hace 1754 días - 0 estrellas

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ay que actuar y no pensar, mucho menos pensar en como actuar

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gcanedo

Publicado hace 1754 días - 1 estrella

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Un hombre, cualquier hombre, merece cuanto les toca en suerte a los hombres: alegría, dolor, tristeza y lucha. No importa la naturaleza de sus actos, siempre y cuando actúe como guerrero.
Si su espíritu está deformado, simplemente debe arreglarlo, depurándolo y perfeccionándolo, porque no hay en la vida una tarea más digna de emprenderse. No arreglar el espíritu es buscar la muerte, y eso es igual que no buscar nada, porque la muerte va a alcanzarnos de todos modos. Buscar la perfección del espíritu del guerrero es la única tarea digna de nuestra transitoriedad y de nuestra condición humana.

Don Juan Matus

Don Juan Matus

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gcanedo

Publicado hace 1754 días - 0 estrellas

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"Eso es todo lo que hay en realidad: lo que sentiste."

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gcanedo

Publicado hace 1754 días - 1 estrella

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Hay un sólo mundo para nosotros. Somos hombres, y debemos estar conformes con el mundo de los hombres."

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gcanedo

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"Antes de embarcarte en cualquier camino tienes que hacer la pregunta: ¿tiene corazón este camino? Si la respuesta es no, tú mismo lo sabrás, y deberás entonces escoger otro camino."

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gcanedo

Publicado hace 1754 días - 1 estrella

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" Busca y ve las maravillas que te rodean. Te cansarás de mirarte a ti mismo, y el cansancio te hará sordo y ciego a todo lo demás."

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gcanedo

Publicado hace 1754 días - 0 estrellas

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"Cualquier cosa es un camino entre cantidades de caminos. Por eso debes tener siempre presente que un camino es sólo un camino; si sientes que no deberías seguirlo, no debes seguir en él bajo ninguna condición."

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gcanedo

Publicado hace 1754 días - 0 estrellas

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La esperanza es algo muy bueno que tenemos los humanos, quizas lo mejor. Por ello, algo tan bueno, jamas puede morir!

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gcanedo

Publicado hace 1754 días - 0 estrellas

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Dije no comprender la diferencia entre creer y tener que creer. Para mí, ambas cosas eran la misma.

-¿Recuerdas la historia que una vez me contaste de tu amiga y los gatos?

-preguntó don Juan con tono casual. Alzó lo ojos al cielo y se reclinó en la banca, estirando las piernas. Unió las manos detrás de la cabeza y contrajo los músculos de todo el cuerpo. Como siempre ocurre, sus huesos produjeron un fuerte crujido. Se refería a la historia de una amiga mía que halló dos gatitos, casi muertos, dentro de una secadora de lavandería automática. Los revivió y, con excelente nutrición y cuidado, hizo de ellos dos gatos gigantescos, uno negro y otro rojizo. Dos años después, vendió su casa.

Como no podía llevar a los gatos consigo, ni les encontraba otro hogar, sólo le quedó llevarlos a un hospital de animales para que dispusieran de ellos. Yo la acompañé. Los gatos nunca habían estado en un coche; ella trataba de calmarlos. La arañaron y la mordieron, sobre todo el gato rojizo, al que llamaba Max. Cuando finalmente llegamos al hospital, ella se llevó primero al gato negro; con él entre los brazos, y sin pronunciar palabra, bajó del coche. El gato jugaba con ella: la tocaba suavemente con la pata mientras ella abría, empujándola, la puerta de cristal de la clínica.

Miré a Max; estaba sentado en la parte trasera. El movimiento de mi cabeza debe haberlo asustado, pues se escurrió bajo el asiento del conductor. Deslicé el asiento hacia atrás. No quería meter la mano debajo por miedo de que el gato me mordiera o rasguñara. Max yacía en una concavidad en el piso del coche. Parecía muy agitado; su aliento se aceleraba. Me miró; nuestros ojos se encontraron y una sensación avasalladora me poseyó. Algo se hizo cargo de mi cuerpo: una forma de aprensión, desesperanza, o acaso vergüenza por ser parte de lo que ocurría. Sentí la necesidad de explicar a Max que la decisión era de mi amiga, y que yo sólo la ayudaba. El gato seguía mirándome, como si entendiera mis palabras. Miré por ver si ella venía. La vi a través de la puerta de cristal. Hablaba con la recepcionista. Mi cuerpo sintió una extraña sacudida, y automáticamente abrí la puerta del coche.

-¡Corre, Max, corre! -dije al gato. Bajó de un salto; cruzó velozmente la calle con el cuerpo cerca de tierra, como un verdadero felino. El otro lado de la calle estaba vacío; no había coches estacionados y pude ver a Max correr a lo largo de la cloaca. Llegó a la esquina de un gran bulevar y descendió por la compuerta de desagüe. Mi amiga regresó. Le dije que Max se había ido. Ella subió al auto y nos fuimos sin decir palabra.

A lo largo de los meses, el incidente se convirtió en un símbolo para mí. Imaginé, o acaso vi, un raro destello en los ojos de Max cuando me miró al saltar del coche. Y creí que por un instante ese animal doméstico, castrado, gordo e inútil, se hizo gato.

Expresé a don Juan mi convicción de que, cuando Max corría calle abajo y se sumergía en el drenaje, su "espíritu de gato" era impecable, y quizás en, ningún otro momento de su vida fue tan evidente su "gatunidad". El incidente me dejó una impresión imborrable.
Conté la historia a todos mis amigos; tras repetirla una y otra vez, mi identificación con el gato llegó a ser muy placentera. Me pensaba yo mismo como Max: dejado, domesticado en muchos sentidos, pero no podía pasar por alto, sin embargo, que siempre había la posibilidad de un momento en que el espíritu del hombre se posesionara de todo mi ser, igual que el espíritu "gatuno" llenó el cuerpo hinchado e inútil de Max. A don Juan le había gustado la historia; hizo algunos comentarios casuales acerca de ella.

Dijo que no era tan difícil dejar que el espíritu del hombre fluyera a tomar las riendas; sostener el paso, sin embargo, era algo que sólo un guerrero podía hacer.

LA MORALEJA

-¿Qué pasa con la historia de los gatos? -pregunté. -Me dijiste que crees estar corriendo el riesgo, como Max -dijo él. -Así creo.

-Lo que he estado queriendo decirte es que, como guerrero, no puedes nada más creer eso y dejar las cosas así. Con Max, tener que creer significa que aceptas el hecho de que su fuga pudo ser un arranque inútil. A lo mejor se metió por el desagüe y se murió en el acto. A lo mejor se ahogó, o se murió de hambre, o se lo comieron las ratas. Un guerrero toma en consideración todas esas posibilidades y luego elige creer de acuerdo con su predilección intima.

"Como guerrero, tienes que creer que a Max le salió todo bien; que no sólo escapó, sino que mantuvo su poder. Tienes que creerlo. Digamos que sin esa creen cia no tienes nada." La diferencia se hizo muy clara. Pensé que yo, en realidad, había elegido creer en la supervivencia de Max, sabiendo que tenía en su contra toda una vida regalada y llena de engreimientos.

-Creer es lo de menos -siguió don Juan-. Tener que creer es otra cosa. En este caso, por ejemplo, el poder te dio una lección espléndida, pero elegiste usarla sólo en parte. Sin embargo, si tienes que creer, debes usar todo el suceso.

-Ya me voy dando cuenta a qué se refiere usted -dije.

Mi mente se hallaba en un estado de lucidez, y pa recía aprehender los conceptos sin el menor esfuerzo. -Temo que todavía no entiendes -dijo don Juan, casi en un susurro. Me miró con fijeza. Sostuve su mirada un momento.

-¿Y el otro gato? -preguntó.

-¿Uh? ¿El otro gato? -repetí involuntariamente. Lo había olvidado. Mi símbolo había girado en torno a Max. El otro gato no tenía importancia para mí. -¡Por supuesto que la tiene! -exclamó don Juan cuando di voz a mis pensamientos-. Tener que creer significa que también tienes que tomar en cuenta al otro gato. Al que jugaba y lamía las manos que lo llevaban a su fin. Ese fue el gato que marchó confiado hacia su muerte, repleto de sus juicios de gato.

"Tú piensas que eres como Max; por eso te olvidas del otro gato. Ni siquiera sabes su nombre.

Tener que creer significa que debes tomar todo en consideración, y antes de decidir que eres como Max debes considerar que a lo mejor eres como el otro gato; en vez de luchar por tu vida y correr el riesgo, a lo mejor te vas feliz a tu muerte, repleto de tus juicios."

Había en sus palabras una tristeza inquietante, o acaso, la tristeza era mía. Permanecimos largo rato en silencio. Jamás se me había ocurrido que yo podía ser como el otro gato. La idea me conturbaba grandemente.

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gcanedo

Publicado hace 1754 días - 0 estrellas

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Aléjate de las personas con demasiada importancia personal: ¡No son dignas de confianza!

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