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Cuentos breves a partir de fotos de Internet, famosas o no, de noticias, de gente común, o a veces, sacadas por mí persona.

Foto-Cuento

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Cuentos breves a partir de fotos de Internet, famosas o no, de noticias, de gente común, o a veces, sacadas por mí persona.

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Foto-Cuento

Effi

Publicado hace 293 días - 1 estrella

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Nina no estaba segura de muchas cosas en la vida

Nina no estaba segura de muchas cosas en la vida. No sabía quién había ganado el Premio Nobel en Química en el 2015. Tampoco podía decir con seguridad dónde quedaba Mauritania. Desconocía cómo se buscaba trabajo e ignoraba como pagar sus impuestos. Ni siquiera tenía muy en claro qué le deparaba el futuro. Pero cuando él la tomaba por su cintura y la abrazaba por detrás, tenía la CERTEZA de que la amaba.

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Culp

Publicado hace 438 días - 3 estrellas

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Estas son  de derecha a izquierda

Estas son, de derecha a izquierda: Mili, Vicky, Micho, Tito, Negro, Gordo y Cabezón, quién tomó la estampa, que perpetró por siempre aquella primavera de 1923. Por aquel entonces, que todavía no estaba hecha pelota la capa de ozono, hizo un calor de la san puta. No nos dejemos llevar por el pectoral de Tito, que pese a su contextura morruda era más bien friolenta.
Juntas la pasaron bomba; Comieron fosforitos, locatelis y chips de paleta y fiambrín Tomaron ananá fizz y las burbujas medio que se le subieron a la cabeza. Como se rieron, no se dan una idea. Cabezón le tocó una “lola” al Negro, que se río jocosamente.

Primavera

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AmadoVudu

Publicado hace 473 días - 2 estrellas

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Una vuelta de chico  Aslamim (así se llama) miró una película que lo marcó pa...

Una vuelta de chico, Aslamim (así se llama) miró una película que lo marcó para siempre. Era una de ciencia ficción, clase C o D, medio pedorra, bah! Donde uno de los engendros del planeta “Omicrón 7G”, del mencionado film, tenía una suerte de hermano gemelo-siamés enganchado de la panza. Hoy, Aslamim, improvisando ese traje para la fiesta de disfraces organizada por el Club Saudita, fue la sensación de la noche. No precisamente por su encanto, sino por el horror que causó en las ancianas del jurado y un contingente de niños menonitas que habían sido invitados a la fiesta.
Obtuvo una mención especial al “ingenio”, pero no lo hicieron subir al escenario.
Aslamim tuvo suerte esa noche y se fue con una señorita a pasar la noche. Al momento de intimar, la chica le dijo que no se despegara los miembros de muñeco de la panza, que le haga el amor así como estaba.

No somos quién para juzgarlos.

Culp

Publicado hace 489 días - 1 estrella

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Todo empezó como un juego

Todo empezó como un juego.
“El colectivo”: Poniendo varias sillas y banquitos de plástico en fila
“El té con masas”: En diminutas tazas de colores. (Sin nada adentro, obvio)
“El salón de belleza”: Con ruleros, peines varios, cepillos y tijeras.

Pero la pequeña infante, con una concentración exagerada, compenetrada en el juego como inmersa en un profundo sueño, movió las tijeras sobre su propia cabellera como quien no quiere la cosa. Así como minutos antes había saboreado un delicioso té Earl Grey con masas y había paseado por la ciudad a bordo del 113, ella veía como el pelo caía sobre sus hombros.
Cuando cayó en la cuenta, cuando “despertó” de esa trampa lúdica, la hermana mayor ya estaba disparando su nueva cámara.

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EstupidoYSensualFlanders

Publicado hace 509 días - 1 estrella

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La cosa es así

La cosa es así: Ben, Australiano de viaje por Argentina, alquiló un auto. Un Renault Clio del 98. Si bien es desierto. Y el desierto se caracteriza por ser seco, ese día, estaba algo húmedo y el piso es traicionero, pues entonces, lo obvio, se le encajó el auto. La regla N°1 de los encajes dice: Dejar de acelerar. Y la 2° Poner una piedra abajo de la rueda. Bueno, el bueno de Ben, que antes de emprender el viaje por América Latina, hizo un curso de supervivencia, bien sabía esto. Y muchas cosas más como por ejemplo: Purificar el agua por medio de unos polvillos mágicos adentro de una media.
El resultado, el éxito. La rueda dejó de patinar y el auto se desencajó, y Ben pudo continuar con su viaje. Fue directo a tomarse una Vidu-Cola. Esta foto en de varios días después. Donde el desierto volvió a su estado natural de desierto.

andrelosaurio

Publicado hace 511 días - 2 estrellas

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Al morir su abuelo  Rufino Santamarina heredó todas las pertenencias que sobr...

Al morir su abuelo, Rufino Santamarina heredó todas las pertenencias que sobrevivieron al arrugado nonagenario. Por TODAS debe entenderse, claro está, las 2 o 3 cositas que quedaron. Es que Edmundo Santamarina no había dejado constancia escrita de su última voluntad y algunos primos lejanos y amigos de lo ajeno habían intepretado la falta de un testamento como una señal clara de que el difunto no tenía problemas con que desvalijaran su casa. Viejas fotografías familiares, un sobre con unos pocos pesos y la vieja máquina de escribir de Edmundo fueron todo lo que sobrevivió el paso de los deudos.

Rufino se lamentó la usura de su familia extendida pero no le dio demasiada importancia: no tenía mucho interés por las cosas materiales.

Colocó la máquina de escribir de su abuelo sobre la mesa que usaba todos los días en su lugar de trabajo en la Oficina de Correos a modo de recordatorio de que un día pasamos y la única prueba de que nosotros existimos es lo que queda detrás.

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andrelosaurio

Publicado hace 539 días - 4 estrellas

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La despedida ya era bastante dolorosa como para castigarse preguntándose por ...

La despedida ya era bastante dolorosa como para castigarse preguntándose por motivos y razones, que en gran parte ignoraba. Todas sus posesiones entraron en una pequeña maleta, al menos las indispensables. Se despidió de muchos efectos personales que hasta el día anterior le habían parecido tan necesarios pero que ahora se le hacían superfluos. Atrás quedó su preciada biblioteca, llena de libros cuyas hojas se teñirían de color ámbar con el pasar de las primaveras. Se entretuvo unos segundos pensando en qué tan diferente hubiera resultado todo...si esto, si aquello y si lo de más allá. Alcanzó a esbozar una mueca forzada, como queriendo reírse de su propia desgracia.
Salió sin decir una palabra, con la intención de enfrentar el tan temido exilio con hidalguía.
Ese fue el preciso momento en el que Slavoj perdió su Dios, perdió su hogar, perdió su patria... y se perdió en la noche

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Culp

Publicado hace 553 días - 0 estrellas

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Eloísa Sánchez de Bustamante

Eloísa Sánchez de Bustamante
7ma hija no varón de una familia aristocrática de San Andrés de Giles.
Al cumplir 15 años, la tradición acérrima de tal respingada familia era la de pasearse sobre un animal horrendo y exótico. A Eloisa le tocó, bailar el vals con (y sobre) Juancho, el avestruz más pintón y sin vergüenza del poblado.
Dice la leyenda que al bajase, —justo-justo después de que Magrio, su padrastro y fiel chofer, sacara la eterna estampa— el vivaracho animal le pico una teta con su tenás pico tipo morseta.

Eloísa arrojó la risa: “Uojojo”, llevándose una mano a la boca y la otra a su seno mordisqueado.

“Ahí los tenés a los pelotudos”, habría gritado, Don Ramiro, el lechero, que pasaba por allí.

Pero ese exabrupto no era su habitual mote, todos en el pueblo los llamaban: “Los excéntricos Sánchez de Bustamante”.

¡Qué capos!

Culp

Publicado hace 556 días - 0 estrellas

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Bruno Martorelli

Bruno Martorelli.
De pibe soñaba con ser detective privado, superhéroe, antropólogo o tener una panadería. Pero una panadería con tuti, eh! Que aparte de lo dulce venda empanadas, tartaletas, sanguches de milanesa y chipá.
Con ese apellido, decía: “voy a resolver crímenes, salvar a la humanidad, yo voy a hacer cosas grandes”. Bueno no.
Hoy trabaja en computación, a veces modela para la casa de ropa “El ancho Peuchele”, y a fin de año hace de Papá Noel en el Alto Palermo.
Desde luego que se hace el vivo con la gente que no sabe nada de computación y les arranca la cabeza. Nada tiene que ver el resentimiento que acarrea en sus hombros sino que más bien es por aquella máxima que reza: Los técnicos en computación son los nuevos mecánicos de autos: vuelteros y chorros.

Vic89

Publicado hace 557 días - 1 estrella

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Era una mañana como cualquier otra

Era una mañana como cualquier otra. O no. Es decir, las polillas seguían revoloteando por todas partes, armarse de paciencia e intentar deshacerse de ese aleteo incesante era más que estresante, era simplemente en vano. A pesar de eso, Alfredo no desistía. Hasta hoy, día en que defintivamente terminaron con su última bufanda.

Fue un tres de agosto de 1973, casi el día más frío del año en aquella Buenos Aires. Para colmo, el negocio no iba bien: más allá de su fama de carnívoros insaciables, los argentinos no hacen tanto asado en invierno como uno creería. Y sí, son exagerados hasta con eso.

"Qué más da", pensó Alfredo, "no me banco otra gripe más". Y se clavó la tira de chorizos más lustrada que encontró en exhibición... en el cuello, claro.

Chorizos Frío Buenos Aires

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persianacarranz

Publicado hace 558 días - 1 estrella

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Está recontra clarísimo que es la quinta vez en 3 meses que Matías choca el a...

Está recontra clarísimo que es la quinta vez en 3 meses que Matías choca el auto. O mejor dicho, “lo chocan”. Todo macho alfa dominante sabe que siempre “lo chocan a uno” y no al revés. Por esa razón, ya cansado de ir al chapista, optó porque su hija con una sensibilidad sin igual, se mandara flor de dibujo en la parte del auto más afectada por la última coalición. La pintura quedó divina, pero no podía faltar su otro hijo —como en toda relación de hermanos, la envidia, los celos y el “culo veo, culo quiero” está a la oren del día— también quería colaborar en “la obra”. ¿Su aporte? Una calcomanía de un corazón. Es que Marquitos tiene 3 años y todavía no sabe ni escribir su nombre.
“Maté tres pájaros de un tiro, soy un capo”, piensa Matías regodeándose en los laureles de su victoria secreta.
Sí, todo indica que ganaste, Matute, al menos hasta el próximo choque, en aproximadamente 3, 2, 1...

Auto Pintura Arte Choque

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walkingkiko

Publicado hace 565 días - 1 estrella

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Margarito tenía una pasión por los clubes  y por sobre todas las cosas las cr...

Margarito tenía una pasión por los clubes, y por sobre todas las cosas las credenciales. De chico era el presidente de "Fans de Margarito Tereré", que se disolvió cuando su mejor amigo, cansado de que la credencial cambie todo el tiempo, renunció. Ya mayor formando parte del club Argentinos su pasión antes olvidada renació. Comenzó a hacer una identificación tras otra, cual alquimista medieval. Buscaba la fórmula perfecta que combinara comodidad, seguridad y belleza. Pese a que el club estaba medio quebrado, Margarito sabía que todos admirarían su trabajo y lograría poner una sonrisa en la cara de todos. Acá se lo ve junto a un aprendiz orgulloso mostrando su séptima versión; la mejor que el mundo ha visto.
Hay quienes dicen que aún no ha terminado y lucubra una versión aún mejor.

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